La eterna Tragedia
Por: Juan Diego Rodríguez Fayad
“Estás buscando el silencio en la montaña, pero lo
buscas en el exterior. El silencio es accesible para ti ahora mismo, dentro de
tu propio ser”
Ramana Maharshi
Pocos momentos del año son de tanta reflexión como la
semana santa. Es sin lugar a duda una época que, por más agnósticas o ateas que
sean las mayorías, llama intuitivamente a reflexionar sobre nuestro origen, lo
que somos actualmente y lo que podemos llegar a ser.
Personalmente he querido hacer públicas mis
reflexiones de esta semana mayor, ya que han sido diferentes, pero también
pueden resultar útiles para algún lector que se haya topado con este texto. La
distinción de las reflexiones frente a otros años, se dan bajo un cambio
perspectivo de las creencias respecto a la forma de entender la historia de la
humanidad, que a veces puede tornarse pesimista. Prometo ser lo menos pesimista
posible, para conseguir un poco de motivación.
En la actualidad está muy de moda declarase ateo o
agnóstico, además de asumir una posición agresiva frente al cristianismo, lo
cual es entendible desde una vista de despertar superficial (más no
espiritual). La enorme facilidad que tenemos para educarnos y para acceder a
diversa información, ha hecho que nos desliguemos de los dogmas que tanto daño
le han hecho a la humanidad.
Me pregunté por qué se celebra la semana santa en
Colombia, si se supone que es un país laico, y muy seguramente habrá creencias
o posturas que no hagan uso de ella y, al contrario, la atacan por su
privilegio frente a una religión dominante; el catolicismo. Lo cierto es que el
hecho de desligarse de las múltiples labores obligatorias por una semana impide
que alguien se revele frente a estas “vacaciones”. Ese es el momento -cuando
vemos la semana santa como unas vacaciones- en el que realmente sale a flotar
la doble moral; criticamos la existencia de una semana procatolica, pero al
mismo tiempo la apoyamos ya que necesitamos salir de viaje con nuestra familia.
Dejando de lado lo anterior, empezaré a depositar mis
reflexiones a continuación. En primer lugar, llegué a la conclusión de que, al
pasar el tiempo, la humanidad se está volviendo más superficial, ya que el
ruido externo de información, actividad y ocio, están ocasionando la perdida de
prácticas introspectivas de empoderamiento espiritual y personal. Esto, a
diferencia de los años en los que yacieron las creencias más trascendentales,
muestra una profunda distorsión social y personal de cara a ver nuestro
horizonte, el cual es aún más incierto que lo que era antes.
Los años en los que se crearon religiones como el
cristianismo, el budismo, el taoísmo y el confucionismo, eran momentos de
profundo poder espiritual, y es importante tener en cuenta que estas religiones
tenían fines esenciales enfocados en la espiritualidad, por lo que los planos
físicos o económicos pasaban a un segundo plano. Es decir, el humano es el que
no ha sabido delimitar el punto de influencia que debe tener una creencia en su
vida y en sus relaciones colectivas. Las creencias practicadas de manera
racional y mesurada serían coherentes de acuerdo con el fin para el cual se
crearon las mismas; forjar un espíritu consciente y creador del buen vivir,
cuya finalidad, independientemente de lo que ocurra en un plano supraterrenal,
es gozar de plenitud y felicidad en nuestro paso por este mundo.
De otra parte, me encontraba el viernes santo viendo
la videocolumna del profesor Fabian Sanabria titulada la debilidad de creer,
en la cual recuerda un hecho que es conmemorativo en estas fechas; la
provisionalidad. No somos inmortales y, por tanto, debemos forjar un buen vivir
sin arrepentimientos, sin preocupaciones, sabiendo que hicimos lo que estaba en
nuestras manos. El tiempo es limitado, finito y por ello, más allá de lo que
dicta un dogma, debemos prepararnos para lo que nos depare el universo tan
pronto partamos de este mundo.
El profesor Sanabria suele utilizar las semanas
mayores para enfocar connotaciones católicas hacia un plano contemporáneo, como
por ejemplo el año pasado (2020) cuando hizo videocolumnas con el sermón de las
siete palabras para referirse a la situación actual del país. En esta ocasión,
abarca además de la importancia de la muerte, el hecho de reconocer lo que ha
dejado el cristianismo en el mundo y en Colombia. Las hermosas procesiones en
Popayán y en Mompox hacen parte de una cultura hermosa que hace parte de
nuestra historia y que ha sido denigrada precisamente porque el humano, en su
rol extremista, no ve la hermosura de las cosas que ha creado, sino que se
esfuerza por destruirlas.
Por último, Fabian Sanabria menciona con un corte en
su voz que el cristianismo retrata la historia de la humanidad desde la
crucifixión y muerte de Jesucristo hasta nuestros días, una historia llena de
tragedias, de tristezas, de errores y de tropiezos. Quizá debamos buscar al
interior de nuestro corazón para que no nos dejemos llevar por la maleza
mundana y busquemos el renacimiento; lo único que nos queda si queremos cambiar
el horizonte de la humanidad. El humano siempre ha llevado, lleva y llevará una
cruz en su vida, una cruz que pesa igual que la de Jesús, una cruz de la cual
solo es posible zafarse si fortalecemos nuestro espíritu, si nos llenamos de
virtud y plenitud para finalmente, independientemente de que exista un Dios,
nos vayamos sabiendo que hicimos todo lo que pudimos y, sobre todo, conscientes
de que aportamos nuestro granito de mostaza a la humanidad y sus formas de
relacionarse en cualquier campo existente.
“Si solo haces ejercicios corporales y nunca haces
ejercicios espirituales, tendrás un cadáver bonito y una eternidad horrorosa” Fray
Nelson Medina

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