Contra el Estado: En favor de la participación
Por: Andrés Alfonso Pérez Peralta
El Estado no solo no es un prerrequisito para la existencia de la sociedad sino que es la institución más antisocial que existe, esa es la tesis que sostiene Albert J Nock en Nuestro enemigo, El Estado.
Sin embargo, el debate sobre si es o no necesario el
Estado en sociedades como las modernas
es arduo y cansado, debate en el cual, por diversas razones no entrare en este
escrito. Empero, presentare algunas observaciones acerca de los peligros de encargarle
al Estado que fomente y controle la participación ciudadana.
El Estado es una
institución, y como tal no se le puede pedir que sea “razonable”, “compasivo”,
“justo”, etc., estas son características de individuos, todas esas cosas de las
podemos exigir a quienes detentan el poder estatal. Algo que funciona solo si
las instituciones son sólidas y robustas; lo cual no es cierto en una gran
cantidad de países del mundo.
Tomando como ejemplo al Estado Colombiano, donde
congresistas, gobernadores, alcaldes e incluso presidentes han llegado al poder
mediante la intimidación, el dinero ilícito, la compra de votos y metiéndole la
pata a todo proceso institucional decente, dudar sobre la solidez de nuestras
instituciones queda totalmente justificado.
Po si fuera poco, al parecer lo que nos demuestra la
memoria histórica es como nuestras instituciones permiten que suceda una y otra
vez este ciclo, aquí el buen gobierno y servirle a la comunidad en la excepción
no la constante, dependemos de la conciencia de nuestros gobernantes, no de la
sólida arquitectura de valores y normas que componen nuestras instituciones
políticas y estatales.
Ya se podrán hacer una imagen de cómo está la
participación ciudadana a nivel local y nacional en Colombia, la cual brilla
por su característica más destacable; su ausencia. ¡Y cómo podríamos esperar
algo más! Si el conglomerado de instituciones que componen al Estado se
encuentran descompuestas. Permiten que
la sociedad, a la cual deberían dar paso y bienestar, se encuentre en estado de
anomia social.
La participación, en esta locura de país, depende como
siempre de que nuestros gobernantes sean lo suficientemente “magnánimos” para
fomentarla, y sino pues de malas, mire a ver cómo se las arregla. A parte de no
fomentar la participación, la castigan, la estigmatizan, la persigue, no solo
el Estado sino todos aquellos a los que no les convienen que esta institución
mejore.
Y aun así, nos encontramos con una especie que yo creía
extinta; los que confían, los que creen que exigiéndoles reformas al Estado
este va a cambiar, ¡por supuesto!, eso tiene todo el sentido, porque cuando
estamos enfermos y necesitamos una operación llamamos al peor médico y no al
mejor.
Le pedimos al buen hermano mayor, el Estado, que nos
alimente, nos eduque, nos vista, nos de transporte e incluso regule nuestra
vida sexual, y lo más risible de todo esto es que aun así le pedimos que no nos
trate como un padre severo, pero acaso que esperábamos, que cada que nos
portamos mal papa Estado nos dé una palmadita en el hombro, pues no, tres
correazos bien dados y te lo aguantas porque él te da de comer, de beber, de
vestir y aparte de educa, acaso que más quieres.
¡Quiero ser libre! Quiero vivir una vida política, quiero
participar y que se me tome en cuente en mi comunidad, no necesito el
reconocimiento, aunque sería muy bonito recibir un poco de este, busco mi
bienestar.
Coincido con Nock, el Estado es una institución de lo más
antisocial, por ello creo que permitirle decidir si podemos o no participar a
este, que como vimos en Colombia –y junto a esta muchos otros países se
encuentran igual o peor- , no cumplen ni siquiera con sus labores más básicas,
es no solo una locura, sino un acto de completa irresponsabilidad.
***
Digo esto previniendo lo que a ciertas personas se les
podría ocurrir: entonces qué hacemos, yo no me quejo yo produzco, es necesario
pensar en eso ahora solo entorpeces el proceso. Les responso: siempre es
necesario pensar, solo alguien que no piensa formularia semejante estupidez de
pregunta. Me alegro que produzcas ojala sea algo de buena calidad. ¡Qué hacer!
Acaso esperas que te de esa repuesta, pues mira
ponte a leer, te recomiendo a algunos: Franz Oppenheimer, Murray N.
Rothbard, Hans-Herman Hope, Robert Nozick, Mijaíl Bakunin, Isaiah Berlín, y
puedo continuar la lista con muchos más, si esta respuesta te decepciono pues
lo siento, ya tengo suficiente con arreglar mis problemas como para ir y
arreglar las tuyos


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