POR LA POSIBILIDAD DE VIVIR POL脥TICAMENTE. La participaci贸n local y comunitaria como una forma para lograrlo. 馃檶

Por: Angie Stephany S谩nchez L贸pez
Andr茅s Alfonso P茅rez Peralta
Lina Mar铆a Roa Cruz
Lorena Rojas Tavera
Juan Diego Rodr铆guez Fayad



La participaci贸n ciudadana debe pensarse desde el nivel local, puesto que, de este modo se promueve la cultura pol铆tica, la conciencia c铆vica y el sentido de pertenencia a un territorio. Sin embargo, son muchos los desaf铆os y problemas que debemos resolver antes de concentrarnos en espacios como estos.  ¿Qu茅 desaf铆os se presentan?¿C贸mo solucionarlos?

El texto estar谩 dividido en tres partes, en donde buscamos responder ambas preguntas. En primer lugar partimos desde cu谩l es el deber del Estado; la segunda, por su parte contrasta con la primera al demostrar a trav茅s de ejemplos hist贸ricos y estad铆sticas la realidad del Estado colombiano. Finalmente, en la tercera parte presentamos diversas propuestas o alternativas para solucionar los conflictos que se presentan en la participaci贸n ciudadana y c贸mo alcanzar una democracia directa.   


Y entonces ¿Cu谩l es el papel del Estado?

En el t铆tulo I de la Constituci贸n Pol铆tica se establece que Colombia es un Estado Social de Derecho... (Const. Art 1) Y sus fines esenciales son servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar los derechos y deberes consagrados, adem谩s de que debe facilitar la participaci贸n de los ciudadanos en la toma de decisiones econ贸micas, pol铆ticas y administrativas que afecten sus vidas... (Const. Art 2)


Nuestro modelo de Estado Social como lo se帽al贸 la Corte Constitucional en la sentencia 747 de 1998 implica: “contrarrestar las desigualdades sociales existentes y ofrecer a todos las oportunidades para desarrollar sus aptitudes y para superar los apremios materiales” (Asuntos Legales, 2014) 


Por lo tanto, seg煤n lo dicho por la Corte, el Estado debe asegurar a cada uno de los habitantes del pa铆s unas condiciones materiales m铆nimas; aunado a ello, aliviar las desigualdades  existentes combatiendo las penurias econ贸micas y sociales de los grupos m谩s desfavorecidos y que se encuentren en situaci贸n de vulnerabilidad -mujeres, ni帽os y ni帽as, afros, ind铆genas, adultos mayores, comunidad LGTB-, se les debe prestar asistencia y protecci贸n (Corte Constitucional, Sentencia T-426 de 1992).


En s铆ntesis un Estado Social de Derecho es aquel en donde se garantizan no solo los derechos pol铆ticos, sino tambi茅n los sociales, econ贸micos, culturales y ambientales. Esto debido a que vivir una vida pol铆tica o vivir en libertad implica no estar atado por la suplencia de necesidades vitales o de asuntos que pongan en riesgo nuestra supervivencia (Arendt, pp. 55-61 ). 


Como ya lo mencionamos antes, en el art铆culo 2 de la Constituci贸n un fin del Estado colombiano es facilitar la participaci贸n, esto a nivel local y nacional. Participar en la toma de decisiones implica ser ciudadano, es decir: “tomar y sentirse parte de los asuntos p煤blicos comunitarios tanto a nivel individual -personas- como a nivel colectivo -asociaciones, entidades organizadas-” (Montes Garc铆a, 2018. p. 3).


La participaci贸n ciudadana a nivel local, es para nosotros la encarnaci贸n de lo que en la antig眉edad fue vivir una vida pol铆tica; la posibilidad de participar en los asuntos de la polis. Por esto, consideramos que la participaci贸n a nivel local, en veredas, municipios, localidades o barrios es lo que en la actualidad se puede entender como vivir una vida pol铆tica. 


En conclusi贸n, el Estado debe velar porque todos los colombianos tengan un m铆nimo de subsistencia, asegur谩ndose de proteger a los grupos m谩s vulnerables, amparando los derechos pol铆ticos y civiles, sociales, econ贸micos, culturales y ambientales. Lo anterior es el prerrequisito fundamental para tener la posibilidad de vivir una vida pol铆tica, es decir, participar a nivel local o nacional, en las sociedades democr谩ticas y globalizadas de hoy en d铆a. 


¿Esto se cumple en la realidad? 

Lo que presentamos en la primera parte del trabajo, es a lo que le apunta todo Estado con dicho modelo; sin embargo, la situaci贸n en Colombia es muy distinta.


En esta segunda parte, iniciamos con un breve recorrido por la historia de Colombia desde mediados del siglo XX que retrata los problemas del pa铆s en temas de participaci贸n ciudadana, para concluir con un contraste de los elementos planteados anteriormente a partir de cuatro focos: la participaci贸n ciudadana, la educaci贸n pol铆tica, la participaci贸n social y el desarrollo socio-econ贸mico. 


Nuestro recorrido empieza luego de la Hegemon铆a Conservadora, cuando el partido liberal volvi贸 al poder generando una gran conmoci贸n debido a los percances que hab铆a sufrido el pa铆s recientemente con la masacre de las bananeras y aislados casos de violencia.


Este periodo comprendido entre 1930 y 1956, evidenci贸 p煤blicamente las m煤ltiples falencias en t茅rminos sociopol铆ticos. “El sistema bipartidista present贸 problemas de corrupci贸n y clientelismo que se agudizaron con la ola de violencia en el siglo XX.” (脕lvarez. 2013 )


No obstante, este momento hist贸rico estuvo marcado por grandes cambios que sucedieron en medio de la ola de violencia, especialmente luego del asesinato a Jorge Eliecer Gait谩n como lo menciona 脕lvarez (2013): 

La proliferaci贸n y mantenimiento constante de los mismos partidos en el poder gener贸 en el pueblo una sensaci贸n de impotencia, que con el paso de los a帽os se convirti贸 en una gran inconformidad que deb铆a transformarse, ya bien fuera por la v铆a de la democracia y demostr谩ndolo en las urnas o por la Violencia.


La sociedad, aunque dividida, ped铆a a gritos un cambio que generar谩 nuevas din谩micas pol铆ticas en las que existieran nuevas posibilidades por fuera del fracasado sistema bipartidista que sufri贸 grandes transformaciones con el golpe militar propinado por Gustavo Rojas Pinilla sobre el m谩ximo l铆der conservador Laureano G贸mez.


En relaci贸n con esta 茅poca violenta de la naci贸n se dio la conformaci贸n del Frente Nacional, que fue una coalici贸n entre el partido liberal y conservador, por parte de cada uno de sus l铆deres, Alberto Lleras Camargo del partido liberal  y del partido conservador Laureano G贸mez Castro, en el a帽o 1958, esta coalici贸n estableci贸 como sistema de gobierno que durante los siguientes 16 a帽os el poder presidencial se alternar谩 cada cuatro a帽os entre un presidente liberal y uno conservador.


Este pacto bipartidista cont贸 con el apoyo de las 茅lites pol铆ticas, econ贸micas, sociales y de la Iglesia, pues surgi贸 como una salida a la violencia de los a帽os cuarenta y cincuenta y a la dictadura militar. Pero el acuerdo, adem谩s de evitar la primac铆a de un partido sobre el otro y la exclusi贸n burocr谩tica, impidi贸 que llegaran nuevas fuerzas pol铆ticas a disputar el poder, lo que tendr铆a consecuencias funestas.

A pesar de la paz partidista y el supuesto avance del pa铆s, para algunos sectores pol铆ticos y sociales exist铆a un car谩cter excluyente en el  sistema por lo que exigieron una mayor apertura pol铆tica. Uno de los grupos disidentes fue el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) de Alfonso L贸pez Michelsen, quien propuso un programa reformista que, apoyado en las clases medias cambiar铆a la clase pol铆tica. Este movimiento acogi贸 algunos sectores como comunistas y antiguos guerrilleros liberales que participaron en pol铆tica y lograron hacer cierta oposici贸n en el Congreso. Sin embargo, el MRL dej贸 de hacer oposici贸n total al Frente Nacional, por lo que la mayor铆a de sus integrantes regresaron al liberalismo oficial en 1967. Otro grupo disidente fue la Alianza Nacional Popular (Anapo), dirigida por el general Gustavo Rojas Pinilla, que apoyado en un discurso populista enfocado en las masas urbanas prometi贸 mejorar las condiciones econ贸micas y logr贸 as铆 un gran apoyo electoral en la contienda presidencial de 1970. En esas elecciones Rojas Pinilla, quien participaba en el turno conservador, perdi贸 por un escaso margen ante el candidato oficialista, Misael Pastrana Borrero, en una jornada marcada por las denuncias de fraude oficial.

Estos movimientos expresaron el rechazo de grandes sectores de la poblaci贸n hacia el acuerdo bipartidista, el cual se qued贸 en el reparto burocr谩tico, pero no en buscar un acuerdo sobre puntos fundamentales que permitieran darle soluci贸n de fondo a los problemas del pa铆s. El Frente Nacional hizo que los partidos perdieran gran parte de su identidad ideol贸gica y se alejaran a煤n m谩s de las reivindicaciones populares, lo que llev贸 a que el sistema pol铆tico fuera perdiendo legitimidad y apoyo ciudadano, evidenciado en la creciente abstenci贸n electoral.


Las d茅cadas de 1980 y 1990  marcaron un hito en la historia de Am茅rica Latina, pues en cada uno de los pa铆ses se libraban guerras civiles marcadas por la organizaci贸n de los movimientos sociales mediante los cuales se buscaba una mayor independencia de ideas conservadoras que en su mayor铆a eran impuestas por Norteam茅rica- recordemos la Operaci贸n C贸ndor-.


En el caso de Colombia, se da el auge del narcotr谩fico y grupos al margen de la ley como consecuencia de la debilidad que sufr铆a el Estado. Es as铆 como estos grupos mafiosos o carteles–, trataron de influir y capturar los poderes institucionales, con el fin de alcanzar sus intereses individuales.


As铆 se explica c贸mo en la historia de Colombia hubo al menos tres momentos en los cuales el narcotr谩fico intent贸 controlar o influir en la pol铆tica. En un comienzo, esto se dio mediante la elecci贸n de algunos de los jefes de los carteles como representantes pol铆ticos: Pablo Escobar, el jefe del Cartel de Medell铆n, fue elegido a comienzos de los 80’s como representante suplente a la C谩mara de Representantes, y Carlos Lehder, tambi茅n del Cartel de Medell铆n, fue elegido diputado a la Asamblea del Quind铆o. Posteriormente, a mediados de los 90’s, en lo que se conoci贸 como el «Proceso 8000», se difundi贸 la financiaci贸n del Cartel de Cali a la campa帽a presidencial de Ernesto Samper, junto con una serie de congresistas elegidos en ese momento (Vel谩squez, 2010).


La fuerza -no solo armada sino de representaci贸n pol铆tica- que tomaron estos actores de grupos al margen de la ley hicieron que los colombianos tuvieran temor puesto que sent铆an que el poder estaba monopolizado.
La gota que derram贸 el vaso fue el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Gal谩n quien en 1982, en medio de una manifestaci贸n en el Parque Berr铆o expuls贸 a Pablo Escobar de su campa帽a argumentando que no pod铆a tener a su lado personas que no tuvieran c贸mo explicar el origen de sus ingresos: sospechaba de sus nexos con el narcotr谩fico. Este hecho fue trascendental como una de las causas de su muerte en 1989 en una de sus campa帽as pol铆ticas en Soacha a manos de un sicario bajo las 贸rdenes del Cartel de Medell铆n. Gal谩n acu帽贸 la lucha contra el narcotr谩fico, un delito que, como 茅l mismo lo denunci贸, hab铆a llegado hasta el Congreso. (El Colombiano)


Esta ‘chispa’ fue la que se encendi贸 en 1990 y que desencaden贸 en la famosa Marcha del Silencio. Lo anterior permiti贸 que en el pa铆s se abriera paso la S茅ptima Papeleta, un movimiento pol铆tico y social que fue gestado desde el pensamiento de estudiantes de universidades p煤blicas y privadas de todo el pa铆s, que no ve铆an un futuro promisorio ante la compleja situaci贸n de orden p煤blico motivada por el narcotr谩fico y el paramilitarismo, que se hab铆a consolidado.(Pi帽eros, El Pa铆s, 2021).
Adem谩s, los estudiantes sent铆an que la falta de mecanismos de participaci贸n ciudadana efectivos podr铆a estar afectando la situaci贸n del pa铆s, pues ya no bastaba una democracia representativa sino que era necesaria una democracia participativa mediante la cual los ciudadanos pudieran ejercer una democracia directa leg铆tima. 


As铆, los estudiantes coinciden que la soluci贸n era una gran reforma constitucional, pero no en el Congreso, en donde no se hab铆a aprobado, sino que deb铆a ser el fruto de un gran di谩logo nacional. Un acuerdo ciudadano por la vida. (Pi帽eros, El Pa铆s, 2021).

Gracias a la consulta popular realizada por el movimiento estudiantil de la S茅ptima Papeleta, se convoc贸 una Asamblea Nacional Constituyente para establecer y crear una nueva Constituci贸n y que a trav茅s de ella se desplegar谩n de par en par las puertas de la participaci贸n ciudadana. La Constituci贸n de 1991 nos llev贸 mucho m谩s all谩 del voto popular para la elecci贸n de autoridades locales y nacionales, y nos invit贸 a redimensionar el ejercicio de nuestros derechos pol铆ticos. El plebiscito, la revocatoria del mandato, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y normativa, se establecieron como nuevos escenarios de la contienda pol铆tica y electoral, pero tambi茅n en la forma en que el pueblo puede hacer efectivo el ejercicio de su soberan铆a (Vel谩squez, 2010)


Por su parte, el gobierno de 脕lvaro Uribe (2002-2010) estuvo marcado por la famosa pol铆tica de “Seguridad democr谩tica”, la cual arremeti贸 con toda la fuerza militar en contra de los grupos guerrilleros en el territorio, sin la posibilidad de entablar un di谩logo, esto hizo que las zonas m谩s apartadas y golpeadas por la violencia fueran a煤n m谩s relegadas dej谩ndolas al control de los grupos guerrilleros (Salazar, 2010). 


Esto tuvo un impacto directo sobre la participaci贸n local, la ley ya no era impuesta por el Estado sino por los grupos guerrilleros y paramilitares, por lo que pensar en la participaci贸n ciudadana para la toma de decisiones econ贸micas, pol铆ticas y administrativas ser铆a ilusorio.


El gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018), marcado por los di谩logos de paz en la Habana con las FARC dieron una luz de esperanza en temas como la participaci贸n, debido a que estos grupos saldr谩n de las zonas permitiendo al Estado tomar el control de las mismas otra vez, fomentando la participaci贸n (Escobar, 2018). Sin embargo, luego de la firma de los acuerdo en el 2016,  han sido muchos los obst谩culos y problemas que han surgido, como por ejemplo debido a la debilidad institucional del Estado estas zonas anta帽as controladas por las FARC ahora son controladas por otros grupos armados -ELN, bandas locales, etc.-, algo que influencia de manera negativa la participaci贸n. 


Finalmente, el gobierno de Iv谩n Duque (2018- 2022), a煤n no concluido y marcado por la pandemia, agudiz贸 a煤n m谩s los problemas de abandono estatal, lo que le dio marco de acci贸n a las bandas criminales en las regiones apartadas, sin posibilidad de participaci贸n alguna, la crisis econ贸mica por la pandemia s贸lo a帽ade otro obst谩culo a la participaci贸n ciudadana en cualquiera de los niveles que esta podr铆a presentarse.


A modo de s铆ntesis, se puede demostrar que entre el per铆odo de la Violencia y el Frente Nacional no exist铆a participaci贸n local leg铆tima, fen贸meno que se extendi贸 hasta finales de la d茅cada de los 80 luego del asesinato de Luis Carlos Gal谩n, hecho que impuls贸 movimientos sociales liderados por estudiantes, fomentando un cambio institucional apartir de un gran dialogo nacional dejando como resultado la reforma a la constituci贸n en 1991 en la cual se ampara los mecanismos de participacion ciudadana - a nivel local como nacional-. 


Sin embargo, como vimos en la historia reciente del pa铆s, la promesa de la constituci贸n no se ha cumplido a cabalidad, debido a la negligencia estatal; por lo cual podemos decir que la posibilidad de participaci贸n local y de vivir una vida pol铆tica es cada vez m谩s dif铆cil en Colombia  :


  Hablemos de cifras 


Luego del breve recorrido hist贸rico, en donde mostramos como hasta el momento los colombianos no han tenido posibilidad de participar en m谩s de 100 a帽os de historia, en esta segunda secci贸n contrastaremos la primera parte con datos estad铆sticos acerca del desarrollo socio-econ贸mico, la participaci贸n ciudadana y social y la educaci贸n pol铆tica y su influencia en la cultura pol铆tica. 


Como se mencion贸 antes, el Estado tiene como objetivo primordial ofrecer oportunidades para reducir las desigualdades y las falencias materiales, sin embargo, en Colombia esto no se ha presentado. 


Comencemos mencionando el crecimiento econ贸mico en el los 煤ltimos a帽os, desde el a帽o 2000 hasta el 2019, las tasas de crecimiento estuvieron entre 1,4% y 6,9% (Banco Mundial) lo que nos puede dar indicios de que nuestro crecimiento en general fue muy bueno, es decir que la econom铆a creci贸 y por ende el bienestar en general aumento. Empero, si vemos el coeficiente de Gini que mide el nivel de desigualdad social este est谩 entre el rango 0,65 y 0,51 (Banco Mundial). Esto demuestra que somos uno de los pa铆ses con mayor desigualdad social, lo cual podemos ver en los 铆ndices de pobreza absoluta (Ver tabla 1), que en 2002 era de 49,7% y en 2017 era a煤n del 26,9% de la poblaci贸n total.


Si bien la pobreza absoluta disminuy贸, a煤n sigue siendo una cifra alta si la comparamos con la demograf铆a colombiana. En este orden de ideas, las cifras demuestran que el Estado en realidad no alivia las falencias materiales, esto tiene consecuencias en la participaci贸n ciudadana -en la posibilidad de vivir una vida pol铆tica-, ya que como lo dec铆a Proudhon “Los seres humanos deben comer antes de razonar”, el Estado no ha garantizado la subsistencia y por lo tanto no se le puede pedir a los ciudadanos que participen si no se les brindan unas m铆nimas condiciones. 


Si quisi茅ramos distinguir por clase econ贸mica y social la participaci贸n social no habr铆a tampoco una diferencia significativa, no es mayor la participaci贸n en las decisiones si se tiene mejor estatus econ贸mico, ya que como veremos a continuaci贸n la educaci贸n y cultura pol铆tica son hechos que influyen en la toma de decisiones. ¿Entonces cu谩l es la realidad de la participaci贸n ciudadana?



Tabla 1. 脥ndice de pobreza absoluta 2002-2017


Colombia se ha caracterizado por sus bajos niveles de participaci贸n electoral -nacional y local-, siendo bien conocido que desde 1990, s贸lo una elecci贸n super贸 el 50% de participaci贸n de los ciudadanos, mientras que en las restantes elecciones la participaci贸n se mantuvo entre el 33% y el 49% (Ver tabla 2) No obstante, aunque puede ser posible observar un crecimiento de la participaci贸n entre la primera y segunda vuelta de las elecciones presidenciales, a煤n contin煤a siendo preocupante entrever c贸mo, paulatinamente, ha ido disminuyendo el porcentaje de la participaci贸n en el pa铆s.


Tabla 2. Participaci贸n en Elecciones Presidenciales (Primera y Segunda vuelta) entre 1990 y 2014

La participaci贸n ciudadana va mucho m谩s all谩 del voto, y, si bien la Constituci贸n de 1991 le dio un lugar importante a la participaci贸n ciudadana como complemento a los sistemas de representaci贸n pol铆tica, permiti贸 la inclusi贸n de distintas expresiones ciudadanas y cre贸 marcos jur铆dicos para dialogar con la movilizaci贸n social, al menos desde el punto de vista formal y legal. Se puede demostrar que el descenso de la participaci贸n ciudadana ha sido socavada por la falta de confianza en las instituciones y la baja percepci贸n de eficacia con respecto a los mecanismos de participaci贸n ciudadana (Ver tabla 2.1)


Tabla 2.1 Porcentaje de personas de 18 a帽os y m谩s seg煤n valoraci贸n de algunas afirmaciones sobre participaci贸n ciudadana

Cabeceras municipales 2017






As铆 mismo, es importante que los ciudadanos conozcan la importancia y la funci贸n de los mecanismos de participaci贸n ciudadana consagrados en la Constituci贸n Pol铆tica “Son mecanismos de participaci贸n del pueblo en ejercicio de su soberan铆a: el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato. La ley los reglamentar谩. El Estado contribuir谩 a la organizaci贸n, promoci贸n y capacitaci贸n de las asociaciones profesionales, c铆vicas, sindicales, comunitarias, juveniles, ben茅ficas o de utilidad com煤n no gubernamentales, sin detrimento de su autonom铆a con el objeto de que constituyan mecanismos democr谩ticos de representaci贸n en las diferentes instancias de participaci贸n, concertaci贸n, control y vigilancia de la gesti贸n p煤blica que se establezcan” (Const.  103). 


En una encuesta realizada por la Registradur铆a Nacional de la Naci贸n en el a帽o 2018, se indag贸 por el conocimiento, uso y efectividad de diferentes mecanismos de participaci贸n pol铆tica preguntando por su conocimiento, uso y la efectividad de estos a la hora de dar soluci贸n a las problem谩ticas por las cuales fueron invocados (Ver tabla 2.2)



Tabla 2.2.  Conocimiento, Uso y Eficacia de los Mecanismos de Participaci贸n 


En cuanto al conocimiento de dichos mecanismos de participaci贸n convencional, los m谩s conocidos fueron el plebiscito con un 56% de referencia por parte de los encuestados, el referendo con el 54% y la consulta popular con el 41%. Con respecto al uso de estos, el 45% referenci贸 conocer el plebiscito, el 44% el referendo y el 36% la consulta popular. Con relaci贸n a la eficacia de los mecanismos de participaci贸n popular, el 66% manifest贸 que el mecanismo m谩s efectivo era el cabildo abierto, el 56% la consulta popular y el 53% la iniciativa popular. 


Aunque el voto es el mecanismo m谩s utilizado por los encuestados, con el 93% de referencia y el de mayor conocimiento con el 83%, este no es el mejor apreciado en cuanto a su eficacia, ya que obtuvo una valoraci贸n del 60%. 


En esta encuesta se analizaron los mecanismos de participaci贸n no convencional tales como las Juntas de Acci贸n Comunal, la tutela, el derecho de petici贸n, las veedur铆as ciudadanas, las juntas de vecinos de propiedad horizontal y las acciones populares y de grupo. Dentro de este, se encontr贸 que los mecanismos de mayor conocimiento son las Juntas de Acci贸n Comunal con un 69%, la tutela con un 67% y el derecho de petici贸n con un 56%. Con relaci贸n al uso de estos, el 44% ha utilizado las Juntas de Acci贸n Comunal, el 41% los derechos de petici贸n y el 31% la tutela. En cuanto a la eficacia de dichos mecanismos, se encontr贸 que el 78% de los encuestados referenciaban que las Juntas de Acci贸n Comunal eran las m谩s efectivas con un 78%, al igual que la tutela, el derecho de petici贸n y las juntas de vecinos de propiedad horizontal, con un 75% cada una.(Registradur铆a Nacional del Estado Civil, 2018)


Es importante recalcar que la participaci贸n en los asuntos p煤blicos no s贸lo permite proteger y defender los propios intereses de los individuos, sino que tambi茅n potencializa el desarrollo intelectual y moral, pues, la actividad pol铆tica le brinda al ciudadano la oportunidad de ejercer sus derechos y obligaciones a cabalidad, en tanto que la participaci贸n genera que el ciudadano aprenda m谩s sobre sus propios intereses y genere un mejor entendimiento de las necesidades del otro (Registradur铆a Nacional del Estado Civil, 2018).


Como se se帽al贸  la participaci贸n ciudadana es un pilar fundamental para la democracia en una sociedad, pero est谩 tambi茅n acarrea ciertos retos entre ellos garantizar la seguridad y protecci贸n a los individuos, espec铆ficamente a los  actores sociales que llevan a cabo una labor en pro de los intereses generales de su comunidad, adem谩s de la defensor铆a de los derechos humanos en su entorno y el fomento de la participaci贸n por parte de las personas pertenecientes a su colectividad.


Sin embargo aunque deber铆a garantizarse la seguridad y protecci贸n de estos actores sociales, existe en el Estado varias falencias respecto a esto ya que no es reconocida la sistematicidad de los asesinatos a l铆deres sociales en el territorio nacional, lo que hace que   aumente la desconfianza hacia el Estado como instituci贸n garante de derechos relacionados con la vida pol铆tica de los ciudadanos, lo que genera un cuestionamiento por parte de estos  sobre si la participaci贸n y la consagraci贸n de una vida pol铆tica pueda acarrear este tipo de riesgos, ocasionando los 铆ndices actuales de participaci贸n que tienden a ser bajos.


Como se ven铆a se帽alando con el paso del tiempo en el territorio nacional se han presentado de manera continua un gran n煤mero de asesinatos a l铆deres sociales, desde la suscripci贸n del acuerdo de paz por parte del Gobierno con las FARC-EP -en el a帽o 2016- hasta mediados del mandato de Duque -a帽o de 2020-. Con cifras alarmantes en departamentos como Cauca, Antioquia y Nari帽o ( Ver tabla 3)


Tabla 3. Homicidios a personas l铆deres sociales y defensores de los derechos humanos desde la firma del acuerdo de paz . 



A pesar de que existen falencias por parte del Estado el gobierno intenta remediar un poco los hechos  empleando  estrategias tales  como consejos de seguridad por territorios no es suficiente, pues los 铆ndices de homicidios siguen estando presentes, aunque fue notoria la disminuci贸n entre el a帽o 2019 a 2020.   


Las problem谩ticas relacionadas tanto a los cr铆menes de lesa humanidad como a la participaci贸n ciudadana, se ven reflejadas en numerosos estudios sobre la cultura pol铆tica, ya que esta puede revelar impresiones de la ciudadan铆a respecto al panorama democr谩tico. Los hechos hist贸ricos tanto nacionales como internacionales dan cuenta de la importancia de la cultura pol铆tica en Estados democr谩ticos.


Antes de la Constituci贸n Pol铆tica de 1991 la cultura pol铆tica era inexistente, ya que debido al dominante poder olig谩rquico y a la exclusi贸n de las mayor铆as obreras, era imposible que existiera una verdadera democracia. Luego de haber sido declarada, la constituci贸n del 91 trajo m煤ltiples beneficios relacionados a la cultura pol铆tica, ya que con la creaci贸n de novedosos mecanismos de participaci贸n ciudadana y el surgimiento de nuevas instituciones encargadas de velar por el bienestar de los ciudadanos (v.gr. la defensor铆a del pueblo), se han podido mejorar las cifras en t茅rminos de cultura pol铆tica, sin embargo, a煤n falta mucho por alcanzar. 


Una de las grandes razones por las que las cifras sobre cultura pol铆tica son muy variables (como se evidenciar谩 a continuaci贸n), es porque el concepto per se contiene cierta complejidad al no ser algo establecido. La cultura pol铆tica, aunque est茅 en permanente construcci贸n, abarca m谩s cosas de las que se creen cotidianamente. La cultura pol铆tica es multidimensional, puesto que abarca cinco categor铆as seg煤n C谩rdenas (2012): “Representaci贸n y participaci贸n pol铆tica, H谩bitos de comunicaci贸n pol铆tica, Legitimidad Institucional, Percepci贸n sobre asuntos p煤blicos e Imaginarios y valores.”(p. 403)


Para sintetizar todo lo que abarca la cultura pol铆tica en un p谩rrafo, Henao & 脕lvarez (2015) afirman que: 


la cultura pol铆tica se construye en los procesos sociales que inciden en el sujeto y los grupos, dependiendo del momento hist贸rico, el tipo de relaciones pol铆ticas que se establezcan en una sociedad, la orientaci贸n de la socializaci贸n en el sistema pol铆tico, es decir, a partir de las pr谩cticas y concepciones en torno a la sociedad y el Estado, donde los sujetos asumen las formas de relaciones de poder, de participaci贸n y de organizaci贸n, como tambi茅n las maneras de afrontar el conflicto socio-pol铆tico.


En una sociedad democr谩tica, es imperante la participaci贸n y el involucramiento de todos los actores sociales de manera indirecta o directa, dando como resultado una tendencia positiva respecto al inter茅s de los ciudadanos en la pol铆tica. Sin embargo, en Colombia todav铆a estas cifras demuestran lo contrario.


Gr谩fica 1. Inter茅s por la pol铆tica en Colombia




Como se puede apreciar, m谩s del 38% de la poblaci贸n tienen poco o nulo inter茅s respecto a la pol铆tica, cuesti贸n que la cultura pol铆tica deber铆a solucionar. Adem谩s, el 31% est谩 medianamente interesado en pol铆tica y s贸lo el 27% est谩 totalmente interesado, lo cual no quiere decir que de facto este mismo porcentaje de la poblaci贸n est茅 participando activamente en la pol铆tica. 


Gr谩fica 2. Participaci贸n en Pol铆tica.

                                        



Como se puede apreciar en el anterior dato estad铆stico, el 68% no participa en pol铆tica mientras que el 31% si lo hace. Esto va determinando que, por m谩s acciones que se hayan hecho para promulgar la participaci贸n y la educaci贸n pol铆tica, falta m谩s disposici贸n por parte de la ciudadan铆a, ya que todo el conglomerado hist贸rico y estad铆stico ha demostrado que al Estado pareciera no interesarle el que sus ciudadanos se eduquen pol铆ticamente.


Como se dijo anteriormente, una parte de la cultura pol铆tica se determina de acuerdo al grado de confiabilidad de los ciudadanos respecto a las instituciones del Estado, por lo que las siguientes cifras pueden determinar el nivel de estabilidad que hay en la relaci贸n entre la ciudadan铆a y el Estado en representaci贸n de esta.


Las cifras de C谩rdenas (2012), demuestran claramente la percepci贸n que tiene la ciudadan铆a sobre la pol铆tica. Esto nos puede dar una noci贸n acerca del porqu茅 abstenerse de participar en pol铆tica o interesarse en ella. 



Gr谩fica 3. Imaginario de la pol铆tica 



Esta gr谩fica muestra que el 33% de la poblaci贸n asocia la pol铆tica con la corrupci贸n y el 18% simplemente no sabe con que asociarla. Por otra parte, un acumulado de aproximadamente el 20% asocia el t茅rmino de pol铆tica con otros conceptos negativos tales como el negocio, la injusticia y la maldad.


Por 煤ltimo y para concluir esta parte, es menester mostrar las 煤ltimas estad铆sticas que confirman la degradaci贸n continua en la relaci贸n Estado-Ciudadano. Estos datos corresponden al nivel de confianza en las instituciones del Estado por parte de la poblaci贸n.


Gr谩fico 4. Nivel de confianza Institucional




Esta gr谩fica est谩 dada bajo una escala de 1 a 5, siendo 1 el nivel m谩s bajo y 5 el m谩s alto. El promedio de confianza institucional en todas las instituciones registradas es de 3.0, siendo la iglesia con 3.6 la que m谩s confianza tiene y los partidos pol铆ticos con 2.4 los que menos dan confianza a la ciudadan铆a con su forma de acci贸n pol铆tica.


Terminado este recorrido estad铆stico en t茅rminos de crecimiento econ贸mico, participaci贸n ciudadana, la inseguridad que sufren los participantes de la pol铆tica y cultura pol铆tica, se puede afirmar que, si bien la Constituci贸n Pol铆tica 1991 impuls贸 la democracia participativa, la protecci贸n de los l铆deres sociales y la educaci贸n pol铆tica, no se han logrado en lo absoluto los objetivos que fueron planteados en la carta magna para llegar a la democracia participativa.


Anteriormente, demostramos con cifras y hechos hist贸ricos, la situaci贸n socio-econ贸mica del pa铆s y las consecuencias que esto ha tenido frente a la participaci贸n ciudadana. As铆, la miseria absoluta en la que vive gran parte de la poblaci贸n ha influido directamente en los niveles de participaci贸n social, determinada en gran medida por l铆deres sociales quienes han sido asesinados de manera sistem谩tica en las regiones -aleda帽as y metropolitanas- de nuestro pa铆s. Finalmente, la cultura pol铆tica, determinada por el imaginario pol铆tico, el inter茅s por la pol铆tica y los niveles de confianza institucional, demuestran que a pesar de que vivimos en una situaci贸n execrable, la poblaci贸n ha tratado de ser optimista. Est谩 hundida la vaina ¿Hay algo por hacer? En esta tercera y 煤ltima parte, presentamos algunas de las soluciones surgidas a trav茅s de las discusiones entabladas en clase, sin embargo, hemos de advertir que algunas son contrarias y dis铆miles por los puntos de vista sustentados. Algunas de la alternativas para fortalecer la participaci贸n ciudadana son: Reformas y creaci贸n de instituciones. Crear nuevas instituciones o renovar las ya existentes. Lo primero que debemos hacer es revisar las instituciones actuales, ver sus funciones y deberes y evaluar su cumplimiento o incumplimiento, para de esta manera decidir entre dos caminos, una reforma a la instituci贸n ya existente o la creaci贸n de una nueva. La renovaci贸n o creaci贸n de instituciones ser铆a un trabajo largo y tedioso, el asentamiento de valores y normas tomar铆a tiempo y recursos, sin embargo, si queremos lograr un cambio a nivel estructural es la 煤nica manera de hacerlo sin recurrir a la violencia. Por nuestra parte, pensamos en una instituci贸n que desde el Estado podr铆an fomentar la participaci贸n ciudadana: El Instituto Colombiano de Participaci贸n ciudadana y Cultura Pol铆tica (ICPC), el cual ser铆a un 贸rgano adjunto al Ministerio P煤blico con presupuesto garantizado y que se encargar铆a de llevar la educaci贸n pol铆tica al pa铆s, comenzando desde las periferias hasta las urbes, ense帽ando todos los mecanismos de participaci贸n ciudadana e incentivando la creaci贸n de “comunidades pol铆ticas” con el fin de ejercer el control y la vigilancia de la gesti贸n p煤blica de sus gobernantes. El hacer parte del Ministerio P煤blico, conlleva a la protecci贸n autom谩tica de los derechos humanos y la seguridad de los actores dentro de una comunidad con mayor participaci贸n como en el caso de los l铆deres sociales. El Instituto crear谩 comisiones organizativas locales que integren a su vez miembros de la defensor铆a del pueblo y de la procuradur铆a general de la Naci贸n para generar un proceso integral que proporcione educaci贸n pol铆tica, seguridad y vigilancia a los territorios.


Podr铆a suponerse, que deber铆a ser el ministerio del interior el que deber铆a encargarse de esto debido a que est谩 dentro de sus funciones. Adem谩s, el ministerio del interior es un 贸rgano que forma parte de la rama ejecutiva, y por tal est谩 al mando del presidente o gobierno de turno. Lo que someter铆a al instituto al capricho de quienes ostenten el poder, y no algo garantizado sin importar el sector pol铆tico que haya tomado el poder a nivel nacional o local.

Por su parte, el ministerio p煤blico, como 贸rgano aut贸nomo que tiene como misi贸n: “Prevenir y perseguir el delito, defender la legalidad, los derechos ciudadanos y los intereses p煤blicos tutelados por la ley; representar a la sociedad, al menor y a la familia en juicio; velar por la recta y efectiva administraci贸n de justicia”, en ese sentido, proteger los derechos implica brindarles las herramientas a los ciudadanos para que tomen acci贸n. No solo eso, adem谩s es misi贸n del ministerio p煤blico proteger los intereses p煤blicos tutelados por la ley, lo que facilita su tarea al instituto ya que su funci贸n estar铆a en capacitar a las comunidades para que tomen cartas en los asuntos de sus propias comunidades o localidades. No obstante, para que las labores conjuntas del Ministerio P煤blico sean m谩s eficaces y cumplan con el fin propuesto, es necesario hacer reformas en las Instituciones ya existentes. Por ejemplo, el defensor del pueblo deber铆a ser elegido por votaci贸n popular en cada una de las regiones para garantizar la protecci贸n de los derechos humanos sin la intervenci贸n ideol贸gica, ya que siendo elegido por una corporaci贸n pol铆tica como el senado, no se lograr铆a a cabalidad el objetivo del ministerio p煤blico. Los candidatos deben ser conocedores en derechos fundamentales, humanos y colectivos, y que no tengan ning煤n tipo de relaci贸n con alg煤n movimiento o partido pol铆tico, sino que al contrario sean personas reconocidas por sus labores sociales y comunitarias. Los l铆deres sociales podr铆an ser los principales candidatos. Teniendo en cuenta que el Instituto propuesto fue enfocado para educar a la ciudadan铆a que ya hace uso, es necesario fortalecer los espacios de ense帽anza en los colegios de todo el pa铆s, centr谩ndose en la formaci贸n de ciudadanos activos y comprometidos con la realidad de sus comunidades. Este punto de la educaci贸n es esencial, ya que cualquier intento de establecer una instituci贸n implica la aceptaci贸n de ciertas normas y valores de conducta, lo que solo puede lograrse educando a los ni帽os y ni帽as y a los j贸venes en el ejercicio de la ciudadan铆a libre.

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